Housewives bang pots during a protest against inflation, in El Alto, Bolivia October 22, 2024. REUTERS/Claudia Morales
La situación esta marcada por alta inflación, escasez de dólares y combustibles, y un crecimiento del PIB muy bajo.
La situación social está tensa debido al malestar ciudadano por la gestión económica. Políticamente, hay inestabilidad con disputas y desafíos, como la posibilidad de que Evo Morales no pueda presentarse a las próximas elecciones, la desvinculación del MAS y el gobierno de Luis Arce, y la persistente lucha de la ciudadanía por soluciones a la crisis.
El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se ha ralentizado significativamente, con un crecimiento del 0.7% el año pasado, una cifra muy baja comparada con décadas anteriores.
La inflación alcanza casi el 25% anual, especialmente alta en alimentos, generando una fuerte preocupación entre la población.
Hay escasez de dólares, lo que dificulta la importación de combustible (gasolina y diésel), medicamentos y otros productos. Esto ha llevado a la formación de largas colas en las gasolineras.
La economía boliviana ha dependido históricamente del extractivismo, principalmente del gas natural. La disminución en la producción de gas y la pérdida de clientes internacionales han afectado gravemente los ingresos del país.
El gobierno ha emitido billetes sin respaldo, lo que ha exacerbado la inflación y la devaluación. Además, ha habido desincentivos a la inversión privada y una falta de desarrollo en otros sectores económicos.
La crisis económica ha generado malestar y descontento en la ciudadanía, que sufre por la falta de empleo, la escasez de productos y el aumento de los precios.
Bolivia necesita ayuda internacional para superar la crisis económica y social. El futuro del país dependerá de su habilidad política para negociar acuerdos y alianzas.