A 30 años del atentado contra la AMIA, la Justicia avanzó hasta identificar a Irán y al grupo Hezbollah como los responsables del atentado. También identificó a ex jerarcas del gobierno iraní y a colaboradores del Hezbollah que decidieron y ejecutaron el ataque.
En los últimos meses, sumó a ellos los nombres de cuatro empresarios libaneses afincados en la Triple Frontera, acusados de facilitar el desplazamiento del grupo operativo que hizo el ataque. Pidió la detención internacional de todos ellos.
Además, estableció la mecánica del ataque, su organización desde la embajada iraní en Buenos Aires, cómo fue armada la Trafic usada en su ejecución y el uso de un conductor suicida para concretarlo. Pero la mayor deuda con los familiares de las víctimas es que aún la Argentina no pudo capturar y juzgar a los responsables del atentado.
Hubo tres juicios orales. En el primero se absolvió a todos los acusados y se denunció el inmenso encubrimiento del Estado durante el menemismo, que montó una operación para castigar a falsos culpables.
Hubo un segundo juicio contra los investigadores del atentado, donde absolvieron a Carlos Menem, pero condenaron a sus exfuncionarios y al exjuez que investigó el caso.
Y hubo un tercer juicio contra Carlos Telleldín, el exmecánico, último tenedor de la Trafic que fue usada como bomba. Fue acusado de entregarla a los terroristas pero, a pesar de que estuvo diez años preso, lo absolvieron tres veces. Su caso está apelado en la Corte Suprema.
La causa AMIA puso en evidencia la capacidad de la política para alterar la investigación judicial y manipular la búsqueda de la verdad. También permitió iluminar operaciones ilegales de los servicios de inteligencia para entorpecer en lugar de esclarecer y visibilizó alineamientos geopolíticos que cambiaron con la alternancia de los diferentes gobiernos.
Tanto es así que la ex presidenta Cristina Kirchner espera un juicio oral, acusada de encubrir a los responsables del ataque a la AMIA con la firma del Pacto con Irán. Además, según la Justicia, el fiscal Alberto Nisman fue asesinado por realizar su trabajo para esclarecer el atentado. Las pistas apuntan a una guerra de los servicios de inteligencia detrás de ese crimen.












