Se ha viralizado en las últimas horas, una extraña noticia sobre la desaparición de hombres en un pueblo de Famatina, y que dicen, son secuestrados por brujas del lugar, volviendo “con los ojos inflamados, hambrientos con las vestimentas rasgadas, todos llenos de moretones y chupones en todas las partes íntimas de sus cuerpos”.
En La Cuadra departamento Famatina, brujas se están llevando a los hombres y los devuelven a los tres días, arañados y chupados.
FIGURA ILUSTRATIVA
En Santa Cruz y Campanas, se está presentando un caso bastante extraño, todas las semanas desaparece un hombre, supuestamente “raptado por brujas”.
La denuncia la hizo efectiva ante los entes encargados la señora Elsa Pitona, quien dice que su esposo Miguel Páez se encontraba durmiendo en la cama , pero a altas horas de la noche se levantó para ir al baño y su compañero no se encontraba.
De inmediato lo buscó por todas partes, pero no hubo respuesta, al día siguiente todos en el pueblo salieron en su búsqueda, pero todo fue en vano.
Lo extraño es que en el pueblo señalado, este hecho se presenta en forma seguida
Los hombres después de tres días aparecen sonámbulos con los ojos inflamados, hambrientos con las vestimentas rasgadas, todos llenos de moretones y chupones en todas las partes íntimas de sus cuerpos.
Dice que las brujas desde hace tiempo dejaron de llevarse los niños recién nacidos no bautizados, y en vez de eso se llevan a los hombres mayores de 40 años con los cuales hacen ritos sexuales satánicos y a los varios días los devuelven, para completar después de esto nunca más vuelven a sentir una erupción viril, cosa que preocupa a las mujeres de dicha comunidad.
Ahora las mujeres, los están obligando necesariamente a dormir con los calzoncillos al revés.
A 1.500 metros de Villa Sanagasta, a 28 kilómetros de la capital provincial de La Rioja, y rumbo a Huaco; existe una caverna en lo alto de un cerro, con una gran boca como entrada y unos 50 metros de profundidad. Ese enorme hueco, es temido por muchos y adorado por otros.
Dicen las reseñas del lugar, que su piso exterior es de una increíble limpieza y su arena brilla reflejando el sol. Se afirma que las brujas riojanas llegan desde el Famatina a Sanagasta y desde allí viajan a Salavina, Santiago del Estero, que sería el centro nacional de estas prácticas.
La palabra Salamanca (Salla=peña. Mancca=bajo, infierno) es un vocablo quechua que significa aquelarre, reunión de brujas, almas condenadas y seres demoníacos que se unen para divertirse, bailar, beber, planear diversas maldades contra los seres humanos, renegando de todo precepto moral o religioso.
El Zupay, que no es otro que el diablo en persona; es el rey de la Salamanca y es el que preside las reuniones y sella los pactos de los hombres que acuden a él.
Las noches de los sábados se reúnen hechiceros, adivinos y brujos en compañía de animales colaboradores y espíritus convocados con la finalidad de divertirse y planear actividades. Quienes afirman haber estado allí lo describen como un recinto iluminado con lámparas de aceite humano y donde reina gran alboroto por los gritos y carcajadas de los concurrentes.
Allí se realizan conjuros y maldiciones, para poder ingresar se debe conocer la contraseña, sin la cual la entrada permanece invisible, si por el contrario se conoce se ingresa al recinto pasando por una especie de laberinto tortuoso, sin amilanarse.
En Vichigasta, una pequeña localidad de tres mil habitantes ubicada a 40 kilómetros al sur de Chilecito, sus pobladores cuentan convencidos de su veracidad, historias de duendes, brujas, aparecidos y luces malas. Más que el dólar o las elecciones presidenciales, los empecina la lucha entre el bien y el mal. Su imaginario colectivo todavía les permite encontrar agazapado detrás de una piedra al temible Miquilo, el duende roba niños, o ver a mujeres suspendidas en el aire entre las copas de los árboles. Algunos de ellos transforman un conocido dicho en la siguiente sentencia: “En Vichigasta las brujas existen, y que las hay, las hay”.
En el pueblo es difícil encontrar a un vichigastense que no haya vivido o escuchado historias sobrenaturales.













