BOCA LE GANÓ A RIVER DESDE LO TÁCTICO

0
11

La visita se impuso en un Superclásico cerrado al detectar una falla repetida del Millonario: los ataques directos sobre sus centrales.

Con Leandro Paredes como lanzador libre y autor del penal, el Xeneize encontró la llave en un partido trabado y de pocas situaciones.

En un Superclásico cerrado, áspero y por momentos muy trabado, Boca se quedó con el triunfo ante River por 1-0 gracias al penal convertido por Leandro Paredes. Pero más allá del resultado, el partido dejó una conclusión táctica clara: el Xeneize identificó una fragilidad repetida del Millonario y la atacó cada vez que pudo.

En la previa aparecía una alerta evidente para el equipo de Núñez. River ya había mostrado problemas ante pelotazos frontales y ataques directos a espaldas o entre sus centrales. La expulsión de Lucas Martínez Quarta en Bolivia y la chance clarísima que tuvo Adrián Maravilla Martínez en Avellaneda eran antecedentes recientes que exponían esa vulnerabilidad. Boca leyó ese patrón y diseñó buena parte de su plan ofensivo desde ahí.

El factor decisivo fue Paredes. Ubicado como hombre libre en la base o a espaldas de la primera presión rival, manejó los tiempos del partido y ganó una pulseada determinante con Marcos Acuña (con quien tuvo un cruce entre campeones del mundo), que cumplió un rol similar en el local como salida limpia. Mientras que el Huevo no logró desequilibrar desde la conducción, el volante sí encontró espacios para lanzar sin oposición.

Boca lo intentó varias veces en el primer tiempo. A los 10 minutos ya había avisado con una pelota profunda y, sobre el cierre de la etapa inicial, repitió la fórmula dos veces más: una que marró Merentiel, hasta provocar la jugada del penal. No fue casualidad: cuando aceleró directo sobre los centrales de River, ganó casi siempre. La ejecución posterior de Paredes terminó de coronar la maniobra.

El desarrollo general fue deslucido. Se jugó mucho más a lo que el elenco de Claudio Úbeda quería que a lo que el del Chacho Coudet necesitaba. El partido se empastó entre infracciones, disputas físicas y poco ritmo. En ese contexto, el equipo de la Ribera se sintió cómodo: cerró espacios, obligó al local a circular lento y defendió sin sobresaltos.

River, en cambio, extrañó amplitud y cambio de velocidad de banda a banda. Nunca logró mover a Boca lo suficiente como para abrir grietas en un bloque defensivo firme y ordenado. Le faltó desequilibrio exterior, profundidad y sorpresa. Leandro Brey prácticamente no sufrió y tuvo una tarde tranquila.

Boca ganó un partido feo, de detalles y lectura estratégica. Entendió dónde lastimar, ejecutó con precisión y volvió a exponer una debilidad que River todavía no corrige: cuando lo atacan directo a sus centrales, sufre demasiado.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí