En un escenario nacional marcado por recortes, paralización de obras y una merma histórica en los envíos de fondos desde la Nación, La Rioja eligió seguir un camino distinto. Mientras la mayoría de las provincias del norte aplicaron incrementos apenas atados al índice de precios o mantienen las paritarias sin avances, el gobierno de Ricardo Quintela avanzó con una recomposición salarial que supera el promedio regional, priorizando a los trabajadores estatales con ingresos más bajos.
La diferencia con los distritos cercanos es evidente. En un contexto de inflación persistente y suba de tarifas, La Rioja otorgó un aumento del 16% mediante suma fija y suba al básico, una decisión que rompe con el “techo” de incrementos mínimos promovido por el Gobierno nacional. La medida implicó el uso de recursos propios en un momento de fuerte contracción económica, privilegiando sostener el poder adquisitivo y evitar un deterioro mayor en los salarios.
En contraste, provincias como San Juan, Salta y Catamarca aplicaron incrementos parciales, ligados al IPC o sin definiciones concretas, mientras los gremios advierten que los aumentos quedaron por debajo del costo de vida real. La caída de la coparticipación y la falta de transferencias nacionales complicaron cualquier intento de recuperación salarial y generaron escenarios de tensión y estancamiento en las negociaciones.
En ese contexto desigual, La Rioja aparece como una excepción en el norte argentino. Si bien la mejora no compensa por completo la pérdida acumulada, sí representa un gesto político y económico claro: en medio del ajuste nacional, la provincia decidió no aplicar aumentos mínimos y optó por una señal concreta hacia los sectores más golpeados, marcando una distancia visible respecto del resto de la región.









