Los adultos mayores deben invertir las pocas fuerzas que les quedan para salir a luchar por sus derechos
Las fuerzas deberían alcanzar para vivir, no para luchar.
Hay una realidad que no podemos seguir ignorando: nuestros adultos mayores están obligados a utilizar las pocas fuerzas que les quedan para salir a la calle a reclamar por sus derechos.
Después de toda una vida de trabajo, esfuerzo y sacrificio, ¿es justo que tengan que seguir luchando para poder vivir dignamente?
Muchos llegaron a esta etapa de la vida esperando tranquilidad, pero se encuentran haciendo cuentas para comprar alimentos, medicamentos y pagar los servicios. Y cuando el dinero no alcanza, aparece la angustia, la preocupación y, muchas veces, la necesidad de levantar la voz.
No deberían tener que salir a luchar para ser escuchados. No deberían tener que reclamar lo que ya se ganaron durante toda una vida.
Los adultos mayores no piden privilegios. Piden dignidad, respeto y que se reconozcan sus derechos.
Y detrás de cada jubilado que levanta un cartel, que participa de una marcha o que reclama frente a una institución, hay una historia de vida, años de trabajo y una pregunta que debería interpelarnos a todos:
¿Qué sociedad estamos construyendo si quienes dieron toda una vida por ella tienen que gastar sus últimas fuerzas luchando para poder vivir dignamente?






