La mañana del 13 de marzo, Santa Cruz de la Sierra amaneció movilizada por la caída de uno de los narcos más buscados de América Latina.
El líder del llamado Primer Cartel Uruguayo, Sebastián Marset, había sido capturado mientras dormía en su casa en la capital de Santa Cruz, el departamento más rico de Bolivia.
Expulsado ese mismo día a Estados Unidos, donde es investigado por tráfico de drogas y lavado de dinero, Marset había dejado Montevideo en 2018 y, luego de pasar por Paraguay y Dubái, se había fugado a Bolivia.
Unos días después de su captura, el gobierno de Rodrigo Paz informó que, además de Marset, habían detenido a cinco colombianos y dos ecuatorianos en la capital cruceña como parte de un operativo para desarticular su organización criminal.
Esta no era la primera vez que se vinculaba al departamento boliviano con el crimen organizado. Ya el año pasado, las autoridades brasileñas señalaron que Santa Cruz se ha convertido en un refugio para los grandes narcotraficantes de su país.