TRISTE, SOLITARIO Y FINAL DE GALLARDO EN RIVER

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El segundo ciclo del Muñeco se terminó de manera tan lógica como dolorosa. El DT más ganador de la historia del club se había quedado sin apoyo, pero, sobre todo, había perdido ese fuego interno tan característico suyo. El tiempo dirá si habrá un tercer capítulo.

El ciclo ya estaba agotado. Si hasta él, que siempre creyó aún en la adversidad más absoluta, se dio cuenta, es porque no había vuelta atrás. La decisión de Marcelo Gallardo de irse de River duele en el alma pero era irremediable. El Muñeco demostró grandeza en la derrota y el jueves será despedido como lo que es: un prócer eterno.

El tiempo de las críticas (necesarias aunque muchas veces excesivas y con malas intenciones) terminó en el preciso momento en el que las cuentas oficiales del club publicaron el video anunciando su adiós. No es hipocresía: a los ídolos se los respeta. El Muñeco tuvo un segundo paso por el club realmente penoso, pero no existe un hincha de River sensato que no haya sentido una profunda congoja al verlo confirmar su renuncia.

Con Gallardo afuera, la mira ahora está puesta en los jugadores. Un grupo de futbolistas que, algunos más, otros menos, llevan meses o años haciéndose literalmente millonarios con la camiseta de River y no fueron capaces de levantar un centro decente en los últimos cuatro partidos. Por incapacidad, desidia, cobardía o simplemente por niveles subterráneos se cargaron a una estatua viviente. Lo que probablemente no llegaron a percibir es que ahora se les acaban las excusas. De hecho, difícilmente tengan un buen recibimiento el jueves ante Banfield en el Monumental. Ellos también son culpables de este momento.

La dirigencia tampoco debería llevársela de arriba. En un club que hoy tiene más restaurantes que delanteros, parece que se olvidaron que lo más importante era ganar. Ganar y ganar. Tiraron más de 90 millones de dólares para armar un plantel que no tiene gol, no tiene desequilibrio, no tiene arquero suplente, le sobran jugadores de relleno, le faltan pibes, descarta refuerzos millonarios después de seis meses y depende del frágil Juanfer Quintero para arrimarse al área rival. Ni siquiera tuvieron la valentía de tomar una decisión coherente; solo se sentaron a esperar que fuera el DT quien optara por irse. Afortunadamente para ellos, los que están volviendo de a poco a la Popular siempre se olvidan de incluirlos en los cánticos de reprobación, y los hinchas comunes apenas tienen elecciones cada cuatro años para premiarlos o castigarlos.

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